Las cosas son como son, y tú eres como eres:

Las estrellas giran eternamente allá arriba, los acantilados permanecen inconmovibles al borde del mar; el invierno es frío y el estío ardiente. Las cosas son como son, y tú eres como eres: te gustaría ser alegre, no lo eres. Te gustaría brillar, no puedes. Te gustaría tener la inteligencia de éste, la hermosura de aquél, el encanto de aquel otro. ¡Sueños locos! Los sueños arrójalos a la basura, las llamas apágalas, y toma serena y sabiamente en tus manos la fría realidad: eres como eres. Y, de todos modos, a pesar ¡de tus reticencias eres una maravilla. No te avergüences de nada ni te entristezcas. ¡Basta de sufrir! Es la hora de hacerte amigo de ti mismo. No eres una estatua de arcilla, eres aurora y campana, una arquitectura que, para ser catedral, sólo necesita de tu benevolencia y cariño.

28 de julio

El Sentido de la Vida – Padre Ignacio Larrañaga