No se puede cambiar, pero sí mejorar, y a veces notablemente.

Desde antes de ver la luz, el ser humano trae marcadas y selladas, allá en las últimas unidades vivientes, llamados genes, trae escritas como cables cifrados, las tendencias fundamentales que conforman el entramado de su personalidad: inclinaciones hacia la sensibilidad, sensualidad, timidez, rencor, impaciencia, generosidad… Son los códigos genéticos que acompañarán al hombre hasta la muerte. Quienes nacieron encantadores, encantadores morirán. Quien nació tímido, tímido morirá. No se puede cambiar, pero sí mejorar, y a veces notablemente.


14 de julio

El Sentido de la Vida – Padre Ignacio Larrañaga