¿Quién eres Tú?


¡Dios mío; me desbordas, me sobrepasa, me trasciende definitivamente! ¡Qué razón tenía aquel que dijo que lo esencial siempre es invisible a los ojos! Eres verdaderamente sublime, por encima de toda ponderación; Dios mío, ¿Quién como Tú? ¡Oh presencia, siempre oscura y siempre clara! Eres aquel misterio fascinante que, como un abismo, arrastra mis aspiraciones en un vértigo sagrado, aquieta mis quimeras y sosiega las tormentas de mi espíritu. ¡Quién como Tú!


El Sentido de la Vida

18 de enero